Germán Klubus: “Todo lo que siempre me movió es competir”
Hay apellidos que quedan ligados para siempre a la identidad de un club, y el de Germán Klubus es uno de ellos. Símbolo indiscutido de Pucará y referente de la Camada 92, el medio scrum le puso fin a una carrera extraordinaria en la que defendió la camiseta del Rojo de Burzaco con una intensidad difícil de igualar. 
Dos semanas después de haber anunciado su retiro, Klubus visitó el estudio de El Show de Rugbeat para repasar su trayectoria, analizar su obsesión por el juego y explicar cómo la paternidad transformó su mirada de la vida y del deporte.
La decisión del adiós y el cable a tierra
Para un competidor nato, saber cuándo frenar es el desafío más complejo. Sin embargo, las prioridades del exconductor del Rojo cambiaron de manera natural. “No podía estirarla mucho más, estoy esperando a mi segundo hijo y la necesidad me pide que esté en casa”, confesó Germán.
Ese rol familiar fue su principal refugio en los años más complejos de la institución. “Ser papá me ayudó mucho a pasar por el peor momento del club, que jugamos en Primera A estando acostumbrados a estar en lo más alto”, reconoció, antes de ahondar en su mentalidad:
“Me lo tomaba muy en serio, era capaz de 'pegarme mucho'. Si perdía, no quería que nadie me hable. Ser papá me ayudó un montón en ese sentido; era llegar a mi casa y tenía otra cosa más linda en la cabeza. Tengo la suerte de que mi hija aparece en el momento justo”.
Esa obsesión por la victoria fue el combustible de toda su carrera, aunque el quiebre llegó sobre el cierre de su etapa analítica: “Todo lo que siempre me movió es competir. Ya sea conmigo mismo o con el de al lado. Recién al final logré disfrutarlo. No me retiré por no divertirme o por estar poco competitivo, sino porque había cosas más grandes en la vida”.
La huella internacional y el oro en el Seven
Klubus irrumpió con fuerza en el plano nacional desde muy joven. “Ya venía de un proceso de 4 o 5 años de estar en el PLADAR y en la estructura de seleccionados juveniles, y en 2012 llego a Los Pumitas”, recordó.

Aquel año disputó el Mundial Juvenil en Sudáfrica en una posición poco habitual para él: se ubicó como wing y formó parte del histórico cuarto puesto, la mejor marca histórica de la categoría hasta el tercer puesto obtenido en 2025.
Ese mismo 2012 debutó en la Primera de Pucará ante La Plata, iniciando un camino que lo transformaría en estandarte. En una era dorada para el juego reducido del club, fue pieza clave del tricampeonato del Seven de la URBA (2014, 2015 y 2016).

“Hay una cultura de Seven en Pucará que se siguió y es algo que gusta mucho”, explicó, rememorando la categoría de aquellos planteles:
“Teníamos jugadores increíbles. Diego Palma como referente; después de Rodrigo Isgró o Marcos Moneta, es el mejor jugador que vi en mi vida. Éramos 12 jugadores que estaban en seleccionados, el tetracampeonato lo ganamos caminando”.
La crudeza del Top 12 y el aprendizaje del descenso
A pesar de haber tocado las semifinales del Top 12 en 2019, la realidad golpeó al conjunto de Burzaco en 2023 con un doloroso descenso a la Primera A, un proceso que Klubus asimiló con cruda honestidad táctica y humana.
“En el rugby de la URBA, si no tenés scrum, line y maul, es muy difícil que puedas competir o campeonar. Fijate que Newman, hasta que no tuvo un scrum dominante, no pudo salir campeón”, analizó Germán, marcando la principal falencia de su club en aquel entonces.
“Quizá en Pucará falta volver a traer la cultura de formaciones fijas. En 2023 nos faltaba eso y el plantel no estaba a la altura del Top 14. Fue un año duro, nos entrenábamos como perros pero no nos alcanzaba”.
El golpe deportivo coincidió con el nacimiento de su primera hija en octubre de ese año, transformando el dolor en perspectiva: “El descenso me costó un montón, pero mi hija nace en octubre de 2023 y ahí me enteré de que había otras cosas”. Germán Klubus cerró su etapa en las canchas, dejando un legado de pertenencia, exigencia máxima y la certeza de que el Rojo siempre vuelve.
Nota completa en: El Show de Rugbeat