Nicolás Fernández Miranda: "Jamás elegiría a alguien porque es ‘el hijo de’"
Luego de haber conducido a Los Pumitas al podio con la medalla de bronce en el Mundial 2025 y de haber finalizado en la octava colocación en la última cita de la categoría, Nicolás Fernández Miranda continúa como encargado en la estructura de formación de la Unión Argentina de Rugby.
En su paso por El Show de Rugbeat, comentó que el rol al frente del seleccionado argentino M20, excedía la mera preparación táctica y se transformaba en un ejercicio constante de docencia, contención y transmisión de valores para la nueva camada de deportistas.
Esa mirada pedagógica cobra singular relevancia en un escenario donde el rugby internacional tienta tempranamente a los jóvenes talentos de nuestro país. El éxodo de juveniles hacia las academias o planteles profesionales europeos -como el reciente caso de Bernardo Pucciarello o los deportistas emigrados a los certámenes de Espoirs en Francia demanda un acompañamiento personalizado.
Desde la conducción técnica, la premisa se enfoca en resguardar la maduración del jugador sin coartar su proyección personal ni familiar: "Nuestra función es ayudar a los chicos primero a formarse bien, a hacer lo mejor que puedan ser a través del rugby como persona y como jugador. Después, a la hora de tomar decisiones, podemos darles toda la información que necesitan. La decisión siempre termina siendo de los chicos y de su familia".

Foto: Flickr UAR
La sensibilidad en las listas y el estigma de los apellidos importantes
Conducir a un grupo de adolescentes que persigue el sueño de vestir la camiseta nacional implica asumir la complejidad de elegir quiénes jugarán y qué otros deberán acatar la decisión desde afuera. Tras una década al frente de la Primera de Hindú y una trayectoria construida en la élite, Fernández Miranda reconoce que la confección de las convocatorias finales es la instancia más ingrata del proceso de trabajo.
"Lo único complejo para mí es cuando tengo que dar una lista; ahí me quiero morir. Sinceramente lo sufro mucho personalmente, lo padezco porque generás mucho vínculo con los chicos... Siento que es una parte del crecimiento, pero nuestro objetivo es darles lo mejor y que tengan herramientas para toda la vida, no solo para jugar 80 minutos”, expresa.
A su vez, esa transparencia se proyecta sobre el criterio de selección y la meritocracia dentro de los planteles nacionales, ante cualquier conjetura externa respecto a apellidos o linajes deportivos que fueron centro de críticas en redes sociales.
"Jamás elegiría a alguien porque es 'el hijo de' o porque es conocido de. Nos creemos lo suficientemente honestos para que el que juegue en un seleccionado sea el que se lo merece y el mejor. Todos los chicos que fueron demostraron en sus clubes que merecían estar”, asegura.
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Foto: Flickr UAR
Pertenencia de club, mérito e inteligencia táctica
La mixtura entre las raíces del rugby argentino y las exigencias del ámbito profesional representa uno de los pilares conceptuales del entrenador. La pertenencia y el sentir amateur que germinan en cada institución de origen se transforman en el insumo fundamental sobre el cual se acoplan los hábitos de alto rendimiento para competir ante las potencias del Hemisferio Sur y del Viejo Continente.
"La formación que tenemos en nuestro club, ese sentir y esa pertenencia están bárbaros. Cuando vos le agregás a eso el alto rendimiento y una preparación diferente, si podés mezclar las dos cosas, creo que es una combinación linda y muy argentina", plantea.
Al mismo tiempo, su mirada analítica como ex medio scrum rescata la importancia estratégica del desgaste físico en la cancha, para priorizar el orden defensivo por sobre el desgaste innecesario en el contacto.
"Como nueve, defender bien es hacer que estén todos en el lugar que tienen que estar y vos tratar de tacklear lo menos posible. Para estar fresco, tomar decisiones y meter ritmo, no podés desgastar tanto tu físico en ese lugar”, explica.
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Foto: Flickr UAR
El salto profesional y la epopeya pandémica del 2020
El recorrido de Fernández Miranda en las estructuras de la UAR sumó un capítulo decisivo con su incorporación al staff de Jaguares y posteriormente de Los Pumas, como acompañante de Mario Ledesma. Aquella experiencia profesional le otorgó una metodología sistemática basada en la obsesión por el detalle, la planificación semanal rigurosa y el estudio exhaustivo de las variables del juego.
En ese itinerario, la preparación previa a la histórica victoria frente a los All Blacks en Parramatta durante el Tri Nations del 2020 permanece como un testimonio inquebrantable de fortaleza mental. A pesar del confinamiento prolongado, las sesiones virtuales de charla y el entrenamiento en espacios reducidos durante la pandemia, el grupo apeló al sentido de unión para suplir la falta de ritmo oficial y concretar una hazaña inolvidable.
Aquella tarde de Australia, Los Pumas desplegaron un rugby inteligente ante una Nueva Zelanda, que llegaba al partido con rodaje a diferencia del seleccionado nacional. Con un Nicolás Sánchez encendido (marcó la totalidad de puntos), Argentina venció por primera vez a los Hombres de Negro por 25-18 en lo que significó un hecho histórico para los libros del deporte del país.
"A veces hay cosas que no son tan lógicas. El ‘ritmo’ era haber jugado un amistoso y medio, pero el ponerse la camiseta de Los Pumas, estar juntos de vuelta, haber padecido la pandemia y la emoción de volver. Creo que esas fueron las causas por las cuales se ganó ese partido”, justifica.
Entrevista completa en el canal de YouTube de Rugbeat.